De esto hará cerca de cuatro años. Íbamos a un pueblecito de Segovia, muy cerca de la capital. Decidimos irnos cuatro días para ‘desconectar’. Además, había gente nueva en el grupo y prometía ser una experiencia interesante. El primer día, al llegar casi de noche, aterrizamos todos en un bar donde se concentraban todos los habitantes del pueblo. Yo lo denominaría aldea. Creo que dejamos sin cerveza el establecimiento. Las chicas bebieron cerca del doble que nosotros. Esto sorprendería pero, tal vez a un sociólogo no tanto. El caso es que llegada la noche se creó una nueva parejita dentro del grupo. A nadie le sorprendió, eran los únicos con edades más afines y la juventud y las hormonas van de la mano a todas partes. Al recogernos a nuestras habitaciones oímos un ruido al que, tampoco le dimos mucha importancia. Al día siguiente apenas lo recordamos. La casa era muy vieja, a pesar de que estaba reformada parcialmente y los muebles eran nuevos. Tan nuevos que los estrenábamos nosotros. La faena vino al último día, justo al recoger las maletas y entregar las llaves. Una de las criaturas, Fernandito, empezó a inquietarse mientras esperábamos en el porche de la casa. No dejaba de fumar y mirar al suelo. Golpeaba el suelo con el pie como un batería con Parkinson. Todos esperábamos en la puerta a que saliesen las chicas que estaban revisando todo antes de devolverle las llaves a la dueña. La cara de Fernandito se descomponía por momentos. Al salir las chicas, la primera fue la nueva amiga del mozo. Ella tampoco salía con buena cara, le miró al cruzar la puerta, muy seria. Todos nos encojimos de hombros. La siguiente en salir fue la madre de la chica (somos un grupo heterogéneo, lo sé). La mirada de la madre no fue la misma, había algo de desaprobación en su mirada que no llegábamos a comprender. -Fernandito, hijo, ¿qué has hecho?- Entre tartamudeos Fernandito consiguió sacar un: -Lo siento, no pensé que fuese tan blanda la cama-. El salto del Tigre se puede hacer si eres ligero como una pluma y sobre un canapé (tampoco tengo mucha experiencia en esas acrobacias, la verdad, uno es más cuidadoso con las mujeres y con las rodillas). El caso es que nuestro querido Fernandito contaba con la desventaja más de cien kilitos y la gravedad hace estragos. La cama de aquella pobre mujer no tenía un somier muy resistente, me temo. Varias lamas saltaron por los aires con nuestro acróbata. Fue curioso el subir a comprobar cómo en los huecos de las lamas había varias piedras.
Nuestro grupo de chicas fue a devolverle las llaves a la dueña y lo único que supimos es que casi se echa a llorar. No nos cobró nada por las lamas (al fin y al cabo tampoco era tanto dos pedazos de madera). Pero, los niños no siempre rompen las cosas y a veces nos merece más la pena poner un somier en condiciones. El campo embrutece al más urbanita y las cervezas pueden sacar lo mejor y lo peor de cada uno de nosotros.

en relacion con la historia anterior tambien me sucedio algo parecido hara dos años mas o menos en un pueblecito a las afueras de malaga a unos 20 kilometros de la ciudad malacitana. Llegamos al almanecer, por lo cual tuvimos que hacer tiempo para poder acceder a la casa rural, la cual, no se podia entrar hasta las 12 del mediodia, por lo tanto nos fuimos a desayunar a un bar cercano donde nos ibamos a alojar. A la hora de entrar a la habitacion nos dimos una ducha para despejarnos y refrescarnos. Por la noche nos fuimos a cenar las dos parejas a un restaurante que estaba cerca de la casa rural, y ya se sabe entre el vino que acompañaba la cena (por cierto uno de los mejores vinos que tenian en la carta) y despues los chupitos para digerir la cena, entramos en un ambiente de jubilo y desenfreno. Cuando llegamos a la habitacion de la casa rural, cada pareja nos fuimos a nuestras respectivas habitaciones. Cuando habia transcurrido veinte minutos de haber entrado en la habitacion escuchamos unos ruidos extraños en la habitacion contigua, pero no le dimos mayor importancia, ya que estabamos en medio practicamente del campo y pesamos que era un tipico ruido de la misma naturaleza. Al dia siguiente, cuando ibamos a dejar las llaves en consigna, vimos las caras del chico y nos sorprendio por su forma de actuar, algo raro en él. A continuacion salio la chica ya con las maletas hechas y tenia una cara que parecia como asustada, ya que solo habiamos reservado para una noche (suerte para ellos) porque en el somier en el que dormiamos en la zona donde estan las patas de sujeccion del somier se habian doblado de tal forma, que el somier era inservible, y por lo tanto tendrian que tirarlo. Si no fuera por ese “incidente” era un sitio donde se puede pasar un fin de semana para desconectar de la ciudad. Y a lo que me remito que las cosas baratas siempre salen baratas y en los temas relacionados con el descanso no hay que mirar el bolsillo si no la calidad del producto
Veo que los somieres son las grandes víctimas de las casas rurales!!
Ideas para Casas Pequeñas
Que su casa no sea grande, no quiere decir que no pueda estar decorada con el estilo que busca. El secreto para conseguirlo no es tan complicado como pudiera parecer, a continuación le damos algunas pautas:
Eliminar algunas divisiones entre espacios; reduciendo el número de habitaciones, uniendo salón y cocina o bien ambas.
La utilización de armarios empotrados en vez de los convencionales.
En cuanto a la decoración, si lo que quiere es vivir en una casa con las últimas tendencias, el estilo oriental y el minimalismo son las mejores opciones.
En cuanto a las cortinas, quitan mucho espacio y luminosidad al salón, así que lo más apropiado sería poner estores en su lugar, siendo los de lino y cáñamo los más recomendables para conseguir el ambiente deseado.
Pintar las paredes en colores claros aportará una mayor amplitud a las estancias al igual que la elección de muebles en esas mismas tonalidades.