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Sillón Chester

Sofá chester

CONJUNTO DESCANSO:


Colchón viscoelástica + Somier lama ancha tubo 40×30 + Patas redondas + Almohada

90X190  189  135X190 249 150X190 269

91-4991251 comercial@mueblerural.com Persona de contacto: Santa o Rafael Díez

campaña colchón visco, somier,  almohada doble funda y patas desde 189€

De esto hará cerca de cuatro años. Íbamos a un pueblecito de Segovia, muy cerca de la capital.  Decidimos irnos cuatro días para ‘desconectar’. Además, había gente nueva en el grupo y prometía ser una experiencia interesante. El primer día, al llegar casi de noche, aterrizamos todos en un bar donde se concentraban todos los habitantes del pueblo. Yo lo denominaría aldea. Creo que dejamos sin cerveza el establecimiento. Las chicas  bebieron cerca  del doble que nosotros. Esto  sorprendería  pero, tal vez a un sociólogo no tanto. El caso es que llegada la noche se creó una nueva parejita dentro del grupo.  A nadie le sorprendió, eran los únicos con edades más afines y la juventud y las hormonas van de la mano a todas partes.  Al recogernos a nuestras habitaciones oímos un ruido al que, tampoco le dimos mucha importancia. Al día siguiente apenas lo recordamos. La casa era muy vieja, a pesar de que estaba reformada parcialmente y los muebles eran nuevos. Tan nuevos que los estrenábamos nosotros.  La faena vino al último día, justo al recoger las maletas y entregar las llaves. Una de las criaturas,  Fernandito, empezó a inquietarse mientras esperábamos en el porche de la casa. No dejaba de fumar y mirar al suelo. Golpeaba el suelo con el pie como un batería con Parkinson. Todos esperábamos en la puerta a que saliesen las chicas que estaban revisando todo  antes de devolverle las llaves a la dueña.   La cara de Fernandito se descomponía por momentos.  Al salir las chicas, la primera fue la nueva amiga del mozo. Ella tampoco salía con buena cara, le miró al cruzar la puerta, muy seria.   Todos nos encojimos de hombros.  La siguiente en salir fue la madre de la chica (somos un grupo heterogéneo, lo sé). La mirada de la madre no fue la misma, había algo de desaprobación en su mirada que no llegábamos a comprender.   -Fernandito, hijo, ¿qué has hecho?- Entre tartamudeos Fernandito consiguió sacar un:  -Lo siento, no pensé que fuese tan blanda la cama-.   El salto del Tigre se puede hacer si eres ligero como una pluma y sobre un canapé (tampoco tengo mucha experiencia en esas acrobacias, la verdad, uno es más cuidadoso con las mujeres y con las rodillas). El caso es que nuestro querido Fernandito contaba con la desventaja más de cien kilitos y la gravedad hace estragos.  La cama de aquella pobre mujer no tenía un somier muy resistente, me temo.  Varias lamas saltaron por los aires con nuestro acróbata.  Fue curioso el subir a comprobar cómo en los huecos de las lamas había varias piedras.

Nuestro grupo de chicas fue a devolverle las llaves a la dueña y lo único que supimos es que casi se echa a llorar. No nos cobró nada por las lamas (al fin y al cabo tampoco era tanto dos pedazos de madera). Pero, los niños no siempre rompen las cosas y a veces nos merece más la pena poner un somier en condiciones.  El campo embrutece al más urbanita y las cervezas pueden sacar lo mejor y lo peor de cada uno de nosotros.

Hola a todos

el mueble en las casas rurales

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